Sunday, August 1, 2010

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Mapa caracterológico canino

Posted by admin On Julio - 23 - 2009

por Sergio Grodsinsky

Uno de los errores más frecuentes cometidos al hablar de la conducta de
los perros, del que ni los cinólogos escapan, es el empleo de términos que
corresponden a otros ámbitos y cuya significación no puede trasladarse a la
ethografía canina. Así, comúnmente, se utiliza la antigua clasificación de
Hipócrates definiendo “(perros de) carácter excitable, tranquilo,
agresivo o temeroso”, o el uso del vocablo “temperamento” para
significar agresividad o confundir guardia con defensa, etc. En la cinofilia
moderna, los estudios han precisado muy bien la terminología correcta e,
independientemente del autor o técnico, precisando sin ambigüedades, se
facilita la comprensión del comportamiento canino.

En las relaciones que el perro tiene con el ambiente -ocupado por él, y
consiguientemente, con otros animales y el hombre, tanto formando parte del
grupo socioexpresivo o extraño a éste- se evidencian, de modo notorio, diez
comportamientos
naturales: la docilidad, la sociabilidad, la curiosidad,
la vigilancia, el temperamento, el temple, la posesividad,
la combatividad, la agresividad y el coraje.

Cualquiera de estos comportamientos exteriorizados pueden ser más o menos
acentuados según la raza de pertenencia, potenciándose entre sí o contraponiéndose
(y hasta anulándose), formando una carta de identidad de sus aptitudes
naturales
y propias.

…Aptitudes y facultades a tener en cuenta en cualquier instrucción, pues
-como bien dice el ethólogo Enrique Lerena de la Serna- “la educación
no puede modificar los fundamentos innatos del carácter” y, por lo
tanto, el adiestramiento para ciertas funciones resulta desaconsejable en razas
cuya memoria genética no las predispone o, aun existiendo concordancia
conductal, carecen de las debidas posibilidades morfológicas (tamaño
insuficiente; particularidades corporales que las impiden desempeñarse sin
mayores riesgos; poca adaptación climática; etc.), en suma no recomendables

profesionalmente.

Aunque la instrucción específica quizá demande un plus de alguna de estas
facultades e, inversamente, exija un mínimo en otras de las aquí mencionadas,
los comportamientos básicos del can adiestrable son las que siguen:

  • Docilidad. Refiere a la facilidad del especimen canino para aceptar
    al hombre como su superior jerárquico. Evocamos el rol en la jauría, no la
    condición de esclavo temeroso y sumiso. Por perro dócil se entiende a
    quien acepta al humano en el rango de guía equivalente al líder de
    las agrupaciones caninas salvajes. La docilidad, pues, no será confundida
    con timidez ni miedo al castigo; parte de la confianza, de la entrega
    natural y beneficiosa a un mismo proyecto de porvenir, no anula la índole
    sino que la amplía.
  • Sociabilidad. El perro, animal gregario, sólo se expresa en
    complitud integrado a comunidades; de ahí, un ejemplar sociable gana

    en lo personal y conforme al designio de su género zoológico. De este
    modo, insertarse con naturalidad dentro del ámbito propicio, comunicarse
    sin excitación o impaciencia extrema es inherente al impulso genético de
    domesticidad distinguible de la actitud de su primo el lobo. La falta de
    sociabilidad se manifiesta con temor, ansiedad e inquietud. Sociabilidad y
    docilidad son dos comportamientos de base que se declaran en el
    cachorro ya al segundo mes de vida, y autores como Daniel Tortora
    dividen dicha capacidad sociable en: para con la familia, hacia los niños y
    respecto a extraños de la casa; Humel agrega la disposición para
    con otros congéneres y la sociabilidad con distintas especies (gatos, aves,
    equinos, vacunos, etc.).

  • Temperamento. Esta definición contempla la intensidad y velocidad
    de respuesta ante los estímulos externos de cualquier naturaleza. No se
    debe aplicar el término como sinónimo de carácter y mucho menos de
    agresividad. Tal como sucede con la sociabilidad y la docilidad, la
    instrucción canina permite acrecentar el temperamento de los especímenes
    adiestrados.
  • Curiosidad. Hay un axioma comprobable: No ve ni entiende el
    mundo
    aquel que no sea curioso, quien no tenga sed de indagar, buscar y
    conocer (Condición previa a todo aprendizaje). También en el perro lo que
    llamamos curiosidad se denuncia en el deseo, el placer y la facultad de
    interesarse -naturalmente- hacia todo lo circundante y fundado en la aptitud
    de explorar territorios y descubrir entornos, problemáticas y resoluciones nuevas,
    imprevistos, acrecentando la conducta instintiva con el imprinting o
    troquelado -al decir de los ethólogos- y que definen al comportamiento
    adquirido, donde la curiosidad juega un papel muy importante. La presencia
    de esta cualidad -en mi opinión- es primordial para el éxito de
    todo adiestramiento.
  • Vigilancia. Representa la particularidad sensitiva del perro para
    advertir algo anormal y, por ende, acaso peligroso, amenaza hacia él
    como individuo y/o como integrante de jauría (que encuentra equivalente en
    la familia humana). A veces, asociada a la gran sensibilidad olfativa y
    auditiva de los caninos, la aptitud vigilante conformando un sexto
    sentido
    le permite preadvertir gravísimos eventos naturales -aludes,
    terremotos, inundaciones, incendios, tormentas- y resolver por anticipado la
    guarda del grupo (congéneres, personas o animales a su cuidado).
  • Temple. En el campo de la conducta canina, el temple describe la
    capacidad de resistencia a una acción o factor externo desagradable o
    agresivo. Es condición indispensable para la guardia.
  • Coraje. La palabra “coraje” sintetiza una convergencia de
    impulsos para enfrentar positivamente situaciones riesgosas conocidas o no
    que pudiesen afectar la integridad física del individuo o de su grupo
    comunitario. Esta disposición de lucha surge como respuesta directamente
    proporcional a la sociabilidad y al temperamento de cada quien, sin
    contraponerse a la docilidad. El coraje opone al sentimiento de fuga
    –instintivo personalista- aún a costa del sacrificio personal y, por añadidura,
    la defensa del conjunto (de la jauría, de la familia) lo exime del miedo y
    consideraciones individuales.
  • Agresividad. En los perros, nos interesa como reaccionan física y
    activamente –pero de modo proporcionado y sin exageración- ante el
    supuesto peligro (Amenaza territorial, de sus congéneres, de él mismo o de
    los seres a su cuidado, cualquiera fuese el género). La agresión siempre
    obedecerá a un motivo provida. En los caninos salvajes este comportamiento
    es primordial para obtener alimento y, consecuentemente, se relaciona con el
    instinto predatorio y la supervivencia del más apto.
  • Posesividad. Dícese de un perro que es posesivo cuando,
    naturalmente, está predispuesto a convertirse dueño de cualquier
    cosa o alguien. Deriva –por sublimación- del comportamiento predatorio de
    los canes silvestres (no domésticos y cimarrones). El apropiarse de seres u
    objetos se manifiesta como expresión de competitividad y afirmativa del
    espacio aprehendido.
  • Combatividad. El concepto alude a la capacidad de luchar con vigor
    contra un estímulo exterior negativo ni bien este se manifiesta. Verdadero
    “resorte” emocional, la combatividad ha de expresarse con una
    firme actitud de lucha que, en algunos casos, compone figuras de
    riña
    (Esquemas ritualizados de combate) y, de desencadenarse la agresión
    abierta, se distingue de otras formas de pugna porque utiliza las señales
    atávicas de la especie (posición de cola, orejas, pelo erizado en la cruz,
    etc.). Autores como Enzo Vezzoli sostienen que de manera frecuente la
    combatividad se asocia e inclusive se origina en la posesividad.

Las constantes de conducta consecuentes a cada grupo canino diferenciado en
raza, según observaciones comparativas de numerosos ejemplares, permite trazar
un mapa caracterial donde clasificamos los comportamientos normales,
comunes a la facción.

La evaluación indica valores medios, advirtiéndose que cada raza se destaca en
algún aspecto y cualidad, conforme a la presión selectiva, ambiental y humana.
Otras variaciones pueden ser reveladas a nivel individual y como consecuencia de
la influencia genética de sus ascendientes, del troquelado y por obra del
ambiente en el cual maduró. Dicho índice puntualiza del 2 al 5, sin
contemplarse el valor 1, puesto que a este nivel un comportamiento se
considera ausente o casi y denuncia una grave desventaja psicológica genética.

El siguiente cuadro no comprende la totalidad de las razas, sino las más
difundidas, y se completa con el seguimiento en dos tipos de lobos (estudio de
la ethóloga Wanda Altman) que hace a una mejor comprensión de la
conducta del can domesticado.

RAZA

O

GRUPO CANINO

D

O

C

I

L

I

D

A

D

S

O

C

I

A

B

I

L

I

D

A

D

T

E

M

P

E

R

A

M

E

N

T

O

C

U

R

I

O

S

I

D

A

D

V

I

G

I

L

A

N

C

I

A

T

E

M

P

L

E

C

O

R

A

J

E

A

G

R

E

S

I

V

I

D

A

D

P

O

S

E

S

I

V

I

D

A

D

C

O

M

B

A

T

I

V

I

D

A

D

Perros de defensa:
Schnauzer y pinscher
4 3 5 4 3 3 4 4 5 4
Perros de defensa:
Algunos pastores
4 4 5 4 4 3 3 4 4 4
Perros de guardia:
molosos
3 3 4 4 5 5 4 5 5 4
Spitz nórdicos: 3 3 4 5 5 5 5 3 4 3
Lebreles:
Rusos y europeos
4 3 4 4 4 3 4 2 3 3
Perros de caza:
terrier
3 4 5 5 4 5 5 4 4 5
Perros de caza:
Spaniel y símil
4 5 4 5 4 3 4 2 3 2
Perros de compañía:
asiáticos
4 3 4 3 4 4 4 3 3 3
Lobo europeo 2 2 3 2 4 3 1 3 4 2
Lobo americano 1 2 3 4 5 4 3 3 3 3

FUENTES CITADAS en el texto: Ethología general, E.C.Lerena de la Serna; El
perro apropiado para Usted
, D.Tortora; Perros de guardia y defensa,
F.Humel; El perro y el hombre, M.Perricone; Vivir Juntos,
E.Vezzoli; Estudio psicológico del perro, I.Sierra Martinez; Conducta
de lobos y chacales actuales
, W.Altman.

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